Martes, 3 de Enero del 2023
Calendario Biodinámico: ¿Para qué sirve?
Planificación:
Razón Intuición Superstición Conocimiento
¿Para qué sirve un Calendario Biodinámico?
Antes, necesitamos preguntarnos para qué sirve un calendario: ¿Nuestros conocimientos "objetivos" de los fenómenos naturales son tan vastos e independientes que pueden prescindir de esta herramienta? ¿Nuestra "intuición" y capacidad de "sentir" los fenómenos naturales y sociales y de interpretar sus relaciones con los movimientos obvios de la Tierra que ciclan el día y la noche, la primavera y el otoño, ha llegado a tal grado de desarrollo que podemos renunciar a toda guía externa? Como agricultores, ¿somos capaces de planificar nuestras tareas efectivamente a lo largo del año sin mirar un almanaque?
Dejamos la indagación y las respuestas en manos de cada quien. Recién a partir de ellas puede (o no) ser relevante la pregunta inicial, sobre la cual quisiéramos reflexionar un poco.
La ignorancia como libre elección
Los conocimientos en la agricultura son de por si un "campo" complejo. Como está a la vista, parte de la agricultura de los últimos cien años ha optado por simplificar (podríamos atrevernos a decir "embrutecer") el conocimiento profundo de las interacciones de los elementos que componen este complejo sistema. Eligió sustituirlo por una matriz de escasos componentes. Como si para hacer música en un piano, primero le quitáramos todas las teclas que están a la izquierda y a la derecha de donde apoyamos nuestras manos, luego las teclas negras que quedan entremedio y finalmente recurrimos a proveedores y asesores más formateados en su propia venta que en el servicio para un bien común, aunque todos bien recibidos en Salamanca, para que nos vendan insumos y tecnología porque Natura ya no suena como nos imaginábamos.
Basada en una dependencia de insumos de origen externo a la granja, mayoritariamente de síntesis química y dependientes de los combustibles fósiles, esa agricultura fuerza los mecanismos más naturales de los cultivos y produce resultados acordes a esos manejos: objetos comestibles que responden a demandas de publicidad, logística, practicidad u otras lógicas de mercado y no a sabor, aroma, nutrientes, vitalidad y soberanía alimentaria.
Para este tipo de agricultura, ultra planificada, los criterios para tomar las decisiones son diferentes a los de una planificación agroecológica: en la agricultura extensiva de grandes superficies, lo que manda es la disponibilidad de mega máquinas para realizar los procesos de siembra y cosecha y energía barata para ello y los fletes. En la agricultura intensiva, la planificación estratégica para tener acceso a "ventanas de mercado" con precios diferenciales o llegar con grandes volúmenes para "copar" el mercado y marcar una posición dominante. En estos casos, un típico calendario agroindustrial consideraría por ejemplo cómo es el circuito de servicios de un contratista de siembra y en qué fechas estaría por nuestra zona, o en qué momentos el tomate tiene mejor precio en un mercado concentrador como para que cubra mis costos de flete y producción. Y a partir de ahí, vamos "proyectando hacia atrás": qué semilla de tomate y qué paquete tecnológico me asegura que puedo sembrar en tiempo y forma para impactar con mi producto en esa tan limitada ventana de tiempo compitiendo con todos los demás productores? ¿Cuándo debo contratar trabajadores golondrina para que vengan a cosechar? (y cómo me deshago luego de ellos...) Es decir, nuestra principal herramienta sería un calendario logístico-financiero. Sobre ese calendario se montan las demás decisiones y consecuentemente se opera sobre las ventajas y problemas que suscita. O simplemente, se "externaliza" la mayor cantidad de variables posibles, se "transfieren" a las generaciones futuras, al ambiente, al consumidor, al intermediario, al estado, al sistema de salud, etc. etc. En estos casos, el agricultor muta en forma lenta pero segura hacia un especulador financiero y oportunista, primero por decisión propia y, una vez que se arroja a ese río, es arrastrado por esa corriente que poco tiene que ver con los fenómenos de la vida.

Sobre peras y olmos
Podríamos hacer valoraciones morales o éticas sobre estos conceptos, pero tendrían un grado de subjetividad y tal vez despertarían incomprensión. Sin embargo, lo que no podemos dejar de observar es que toda acción genera consecuencias. Y en los sistemas de base logística-financiera, toda planificación gira alrededor de la relación costo/beneficio medidos en términos económicos y oportunidad (dinero) y todo lo demás se alinea alrededor de estos criterios. Consecuentemente se genera un espiral de dependencia y destrucción de la complejidad de los sistemas agrícolas: reducción de la biodiversidad natural y concentración en escasos cultivares, uso y abuso de insumos para forzar la productividad con fertilizantes de síntesis y para pretender controlar los factores adversos con agrotóxicos, incluso para secar los cereales con herbicidas para que tengan la humedad suficientemente baja porque está llegando la cuadrilla con las máquinas de cosecha. Pero también la "mano de obra" ha de alinearse: trabajos y migraciones temporales, jornales "económicamente sustentables" para el sistema productivo, no para el trabajador, condiciones de vida frecuentemente precarias, autoexplotación, desplazamiento del bienestar del agricultor hacia el sector que vende servicios y tecnologías, del campo hacia el pueblo y las grandes ciudades. Un calendario que nos haga mirar los procesos que le dan vitalidad a nuestra granja pareciera tener poco sentido en estos sistemas. Aunque sería esencial para poder visualizar otras "lógicas" y salir de estas trampas construidas tan inteligentemente.
En otras palabras, nuestra planificación y por lo tanto el calendario que utilicemos para la misma, han de ser efectivos para nuestros propósitos. Cada sistema tiene cuestiones que facilita y otras que pone en segundo plano. Es el agricultor quien decide, dentro de su contexto ecológico y social, si quiere cultivar peras u olmos y que tendrá que encontrar consecuentemente las herramientas y calendarios más adecuados y ser consciente que lo que no resuelve él mismo, requiere de más externalizaciones en un modelo, o de mayores estudios y esfuerzos, tramas sociales y cooperación, en el otro.
Ahora bien, lo que nos interesa en realidad es si el calendario sirve de algo y de ser así, para qué.
La Agricultura Biodinámica es un sistema de trabajo+conocimiento+producción+investigación que nos propone al alimento como una resultante de nuestra mejor posible interacción con el sistema agrícola y a su vez como vehículo para que los seres humanos, como individuos pero también como seres sociales, podamos expresar nuestras cualidades mientras cuidamos responsablemente de la Madre Tierra para devolvérsela en iguales o mejores condiciones a las generaciones que nos sucedan. Está claro que necesitamos algunos elementos diferentes a los de una agricultura extractivista y financiera:
No es que estemos ajenos a las "lógicas de mercado" y a todos los factores naturales y culturales, sino que la trama de vínculos que construimos y el modo de interactuar son diferentes, ya que los propósitos son diferentes. Y para ello necesitamos herramientas diferentes y adecuadas.
El calendario como herramienta.
En la introducción del mismo se podrá encontrar sus fundamentos y razones de ser y modos de interpretar y aplicar. Nos limitamos aquí a comentar que para los agricultores, tanto rurales, periurbanos como urbanos, es una guía relativamente sencilla para la toma de decisiones complejas e importantes (siembra, trasplantes, cosecha, obtención de semillas, etc). Está más que claro que no es la única herramienta y seguramente no es la más importante.
El calendario no es un horóscopo de periódico para leer hoy y olvidar mañana: la agricultura tiene poco que ver con la buena suerte, aunque siempre la estemos invocando. Antes que un buen calendario, están la buena voluntad del agricultor o agricultora, su predisposición y dedicación. Y, aunque parezca obvio, el acceso a la Tierra. También, el camino de los conocimientos individuales y colectivos relacionados a los procesos específicos de cada cultivo y acerca del ecosistema que lo contiene. Por ejemplo, un uso detallado del calendario no me va asegurar una buena cosecha de zanahorias o de miel, si no aprendo antes los conocimientos rudimentarios para sembrar y cultivar las zanahorias o cómo tener un buen trato con las abejas.
Se trata más bien de encontrar los momentos más adecuados para hacer cada cosa y también esquivar los menos indicados. Para poner una contención a estas discusiones, remitimos a Mateo 12:11. Ante la urgencia, sabemos que necesitaremos contener las situaciones resultantes de nuestras intervenciones fuera de ciclo y no quedarnos paralizados "porque lo dice el calendario".
Una guía en la complejidad
El calendario biodinámico es también un manual de aprendizaje. Uno puede ir de lo sencillo a lo complejo. Lo primero es encontrar qué, cómo y PARA CUÁNDO planificar y luego HACER lo planificado.
Con la ayuda del calendario, entre otras cuestiones, vamos definiendo cada momento. Esta planificación parece ser sencilla desde lo técnico-conceptual, gracias a su fácilmente comprensible presentación gráfica. Aunque resulta más amigable zambullimos en el conocimiento práctico del calendario de la mano de alguien que ya conoce el río. Bastante más complejo que hacer nuestra interpretación del mismo, es que logremos "alinear" en el momento indicado a todos los demás componentes de nuestro sistema, tan necesarios para la tarea: personas, tiempo, herramientas, disposición de semillas y demás. Y contar también con las condiciones climáticas adecuadas. En este proceso, el calendario es un buen instrumento facilitador o incluso a veces una excusa para programar y encarar una tarea. Podríamos utilizar otra, pero como el calendario nos permite abordar a partir de aquí un camino para profundizar el conocimiento de los ciclos de la naturaleza, lo consideramos una herramienta conveniente y un puente. El calendario es el mapa y cada quien, individual y/o colectivamente, ha de trazar su camino y las estrategias para transitarlo. Danzar al ritmo de las fuerzas vitales y planetarias en un modo medianamente sincronizado requiere de cierta predisposición, voluntad y práctica.
Con la ayuda del calendario, entre otras cuestiones, vamos definiendo cada momento. Esta planificación parece ser sencilla desde lo técnico-conceptual, gracias a su fácilmente comprensible presentación gráfica. Aunque resulta más amigable zambullimos en el conocimiento práctico del calendario de la mano de alguien que ya conoce el río. Bastante más complejo que hacer nuestra interpretación del mismo, es que logremos "alinear" en el momento indicado a todos los demás componentes de nuestro sistema, tan necesarios para la tarea: personas, tiempo, herramientas, disposición de semillas y demás. Y contar también con las condiciones climáticas adecuadas. En este proceso, el calendario es un buen instrumento facilitador o incluso a veces una excusa para programar y encarar una tarea. Podríamos utilizar otra, pero como el calendario nos permite abordar a partir de aquí un camino para profundizar el conocimiento de los ciclos de la naturaleza, lo consideramos una herramienta conveniente y un puente. El calendario es el mapa y cada quien, individual y/o colectivamente, ha de trazar su camino y las estrategias para transitarlo. Danzar al ritmo de las fuerzas vitales y planetarias en un modo medianamente sincronizado requiere de cierta predisposición, voluntad y práctica. El calendario como ritual
Un ritual es un procedimiento, "una técnica" para sincronizar nuestro ser. Para que ambos hemisferios cerebrales entren en resonancia. Para conectar la dimensión racional, operativa, analítica, práctica, "objetiva", con aquella dimensión más oculta, intuitiva, perceptiva, sutil, complementaria. Para encontrar en lo profundo de nuestro ser las fuerzas para actuar y no hacerlo desde los miedos, el pánico o la fe ciega e intelectual en un relato impuesto. No busca alejarnos de la realidad, sino abordarla en forma más íntegra. En este sentido, si tomamos el uso del calendario biodinámico como un "ritual" y nos disponemos a realizar nuestras prácticas agrícolas observando sus sugerencias, nada malo puede suceder. Por el contrario, facilitaremos los procesos naturales que, justamente, se estudian e investigan hace decenas de años para confeccionar este calendario. Nos queda la tarea de comprender cuándo realizar cada ritual, como si se tratara de un calendario litúrgico. Aunque en este caso no es una cuestión de fe sino de alineación con las fuerzas cósmicas. Y lo bueno que, en el peor de los casos, no daña. A diferencia de la alineación ritualística de otros sistemas que con sus criterios productivos de eficacia cortoplacista y miope dañan desde la microflora de los ambientes de cultivo hasta la flora intestinal de quien los consume y en el camino a toda la cadena productiva y sus actores y a la postre, a los bienes comunes.
El calendario como culto
Corremos, claro, un cierto riesgo de establecerlo como un objeto de adoración. Este riesgo es bajo, ya que un sistema agrícola complejo como lo es el agroecológico, y dentro de este, el biodinámico, es sostenido por toda una trama y no por escasos elementos. Asumir la creencia de que un único elemento de esta trama, como podría ser el calendario, nos va a resolver todas las complejidades nos volvería al casillero Nº1. Creer que se practica la biodinamia únicamente por "aplicar" el calendario, o que no se puede practicar una buena agricultura sin tener la versión última del mismo editado por mi autor favorito sería casi como pensar que no se puede cultivar sin un bidón de fertilizantes. Utilizarlo tan sólo como una práctica habitual, sin observación y conexión con esta trama-granja que co-creamos, que nos sostiene y que sostenemos, nos vaciaría de contenido.
Aquí no estamos ajenos a la tentación, como tampoco lo está cualquier disciplina de nuestra vida o de los conocimientos científicos. Transformar el conocimiento y la herramienta en culto puede sucederle hasta a algunas mentes muy audaces que ya no pueden circular por la calle sin la ayuda de una aplicación con navegador satelital, o a geniales investigadores de diferentes disciplinas que están tan focalizados en su campo de acción que pierden su inspiración y perspectiva porque han dejado de ver todo el universo que gira fuera de su lupa. En el fondo, nadie quisiera ir por ese camino: Los agricultores biodinámicos necesitamos siempre estar inspirados, con o sin calendario.
El calendario como instrumento de conocimiento
Todas las culturas agrícolas ancestrales tienen criterios de observación y análisis para la toma de decisiones, muchas basadas en la observación de las estrellas. Se reflejan en calendarios y arquitecturas astronómicas que sobreviven, incluso, a las propias culturas. Lo cual nos da una idea acerca de su importancia.
Casi todos, agricultores o no, llegamos a aceptar que el Sol efectivamente define, condiciona e incluso determina cuestiones de la vida. Pero ya con la Luna, hay quien le puede parecer de ignorantes el concepto de que ella ejerza alguna influencia. Y a veces, cuando nos vemos obligados a aceptar su influencia, buscamos creer que podemos "elegir" sobre qué influye y en qué no. A las fuerzas de la Tierra ya casi no las tenemos en cuenta, creyendo que estamos para hacer y deshacer en ella cuándo y cómo se nos ocurra. Lo que tengan para decirnos todos los demás integrantes del sistema solar, los planetas (o esferas) que tampoco miramos, nos parece que se puede "despreciar", considerar como insignificante, inexistente, superstición. La Agricultura Biodinámica justamente propone todo lo contrario. No rechaza lo obvio y evidente, sino que establece, o más bien visibiliza, otras relaciones entre un elemento evidente y el siguiente.
Puede parecer contrafáctico, pero es muy probable que sin estas observaciones que se han dado a lo largo de varios miles de años no se podría haber desarrollado la agricultura (ni, obviamente, las semillas agrícolas) y la humanidad estaría ahora, de estar, en un camino completamente diferente. Sólo en los últimos cien años algunos agricultores e investigadores (y empresarios) que se consideran intelectualmente superadores de estos conocimientos, buscan deshacerse de ellos haciendo uso y abuso de técnicas cortoplacistas. Sin embargo, es justamente aquí, ante el evidente fracaso de estas miradas de la mal llamada revolución verde y de sus herederos, donde el calendario biodinámico puede ser una interesante herramienta para comenzar a indagar, a hacernos nuevas preguntas. ¿Cómo hago para...? ¿Qué pasaría si....? ¿Cuál es la relación entre...? Porque la vida del agricultor no es sólo vivir para cultivar y ganar dinero, sino también cultivar bien y cultivarse (y compartir). Una vez que uno comprende que hay momentos más propicios o desfavorables para cierta actividad, querrá comprender desde dónde se infiere esta situación. Y luego, cómo morigerar los efectos opuestos a sus intenciones (y no solamente fluir con las circunstancias dadas, que ya es mucho). Bienvenido a la agricultura biológico dinámica...
Del calendario a la intuición y de la intuición al calendario
El desarrollo de la intuición, del conocimiento no razonado pero razonable, es una práctica ancestral entre los agricultores. Los actuales sistemas lo destruyen deliberadamente como si fuera una superstición. Sustituyen el conocimiento directo por la lectura de los marbetes de los insumos (si es que se leen). Para las fuerzas representadas por prácticas "modernas" que embrutecen la agricultura es necesario desvincular al agricultor de sus percepciones. Así y sólo así encuentran un lugar en nuestro mundo. Fuerzas que no son gravitacionales como las de los planetas, pero si traen graves consecuencias.
Hacer un calendario agrícola implica el estudio de los planetas y sus interacciones sobre los cultivos y expresar los resultados del estudio de un modo abordable. Años y años de ensayos y observaciones. Estas mismas fuerzas que ejerce el sistema solar y nos ayudan para el buen desarrollo de los cultivos y la granja en general, están también presentes en cada uno de los seres humanos. Un granjero o una granjera que se involucra íntimamente con su granja ejercerá en sus sutiles diálogos con los diferentes elementos presentes, las fuerzas adecuadas en cada momento. Idealmente. Como si fuera un sistema solar en sí mismo. De ahí que es fundamental el vínculo del granjero con su granja y no puede ser sustituido sencillamente por procesos "neutros".
Podemos utilizar el calendario, además de para lo obvio, como un instrumento para percibir, para facilitar nuestras intuiciones y para encontrar un cierto orden en ellas. Para luego buscar trascenderlas, ir más allá. ¿Mis observaciones en los cultivos se condicen con lo que sugiere el calendario? ¿Cómo se manifiestan visiblemente las fuerzas vitales en una flor? ¿Qué no estoy percibiendo? ¿Todos los cultivos de características similares se comportan igual? ¿Podría prescindir del calendario y guiarme por una planificación orientada a partir de mis propias percepciones? Si hoy las abejas están sumamente tranquilas, ¿por qué, ayer, con las mismas condiciones ecológicas y climáticas, reaccionaron en forma tan sensible? O quizás, ¿se complementan o potencian mis intuiciones con las lecturas del calendario? ¿Qué hago cuando siento que se contradicen? ¿Hemos obtenido de nuestro ciclo agropecuario alimentos con mayor vitalidad y estabilidad?
El calendario es una llave para una puerta
No se propone ser un "paquete", un combo con la perfecta solución de todos nuestros problemas (ingenuo aquél quien encare la agricultura buscando la solución en un único elemento). Es uno de los instrumentos posibles que tenemos a nuestro alcance para abordar progresivamente una agricultura afín a los ciclos naturales y quizás, a la agricultura biodinámica. Tenerlo como llave para el momento que sintamos el deseo de ir por ese camino y luego utilizarlo de lo sencillo a lo complejo, puede ahorrarnos muchas horas de arduo trabajo o bien ayudarnos a direccionar esas para que sean conducentes con nuestros propósitos.