Miércoles, 10 de Agosto del 2022
La Abeja, ¿es un insecto? 3/7
Enmarcado por la pregunta "¿La Abeja, es un insecto?" compartimos una serie de observaciones y reflexiones acerca de la naturaleza de este Ser que acompaña la evolución del Ser Humano desde antes de que este último se afiance en la Tierra.
Parte 3
La Abeja ¿es un insecto?
-Una aproximación a la Apicultura Biodinámica
"Así como tratas, serás tratado. Así como miras, podrás comprender"
Y en este punto de ir comprendiendo las sofisticadas conductas sociales frente a los sencillos mecanismos de supervivencia de un insecto, se abre un inmenso paisaje que casi siempre habla más de nosotros, como humanos, que de ellas, las queridas antófilas. Porque podríamos interpretar que las abejas desarrollan su vida ya sea que las entendamos o sin nuestro entendimiento. La invitación hacia la comprensión se da por parte de ellas, por ejemplo, cuando aparece un enjambre en nuestras cercanías o cuando nuestra sensibilidad se encuentra suficientemente desarrollada para ello. De lo contrario, ellas siguen su curso y nosotros, los humanos, el nuestro...
Son nuestras pasiones, entusiasmos, aprendizajes previos, estructuras mentales, necesidades, temores, sueños, ilusiones, nuestras búsquedas sociales y espirituales, que le van proyectando "atributos" a estas comunidades cooperativas de seres alados. Desarrollamos arte y poesía, misticismo y leyendas, las "humanizamos" aunque ellas hayan vivido hace unos 20 a 50 millones de años en los bosques, con o sin nuestras presencias. Les tenemos pánicos ancestrales infundados o profundo respeto. Les reconocemos su inmensa labor y hasta las hacemos responsables de ser quienes nos aseguran nuestros alimentos, aunque al mismo tiempo comamos chatarra elaborada en sistemas agronómicos que las llevan al borde de la extinción.

Y como apicultores, humanos al fin, las tratamos así como mejor se ajusta nuestra imagen mental: como "colonia de insectos domésticos productivos" o como "seres mágicos alados divinos". En estos universos mentales que responden más a nosotros que a ellas, las tratamos como una proyección de nuestros deseos: les construimos casas que no las benefician, las ubicamos en lugares a veces poco propicios y con nuestros manejos las llevamos a que no puedan desarrollar la plenitud de sus capacidades. Tanto por exagerada intervención, como por abandono, prejuicio, desconocimiento o proyección. El auténtico camino del apicultor no se mide en kilos o en dinero, sino en la profundidad, comprensión y capacidad de interacción con las abejas que pueda ir desarrollando.